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¿Qué hago si mi hijo se le ha roto un diente de leche?

14/08/2017

  • Salud bucodental          ·           Infantil

Si al niño se le ha roto un diente de leche lo mejor es ir lo antes posible al odontopediatra para valorar el alcance de la lesión. Se debe comprobar que la raíz no esté dañada, o si se debe intervenir para que la boca no empeore.

Hay que vigilar la evolución del vacío, que no haya desplazamiento de dientes, cuidar la higiene… y esperar a que el diente definitivo cubra el vacío de esta pieza desaparecida prematuramente. En algunos casos se hace necesario un mantenedor de espacio si el diente se ha perdido totalmente y todavía es pronto para que salga la prenda definitiva.

Si es posible, es necesario localizar el fragmento o fragmentos que se han desprendido, porque en algunos casos se podrían reenganchar al diente en la consulta (debe ser al poco tiempo de haber caído y conservando el trozo de diente sumergido en suero fisiológico , leche, o en la misma boca con la saliva, por ejemplo).

Otro consejo inmediato es mojar una gasa con agua fría y aplicar presión sobre la zona afectada si existe hemorragia. Y, si el niño es mayor, se le puede ofrecer un cubito pequeño para que vaya chupando y aliviar así el dolor.

Hay que tener en cuenta que cualquier rotura de diente duele en la capa superficial del esmalte, por lo que el interior de la prenda está más expuesto. Entonces, el diente podría deteriorarse con rapidez. Por eso hay que extremar la higiene de la boca, incluso cuando el fragmento después es pequeño. También en este caso vendría bien una visita al odontopediatra.

Además existe el riesgo de que se produzca un derramamiento de sangre en la pulpa del diente, en este caso aunque no haya tratamiento se debe valorar el daño (el síntoma sería la aparición de manchas en el diente, de color gris o negruzco).

Otra consecuencia grave de una rotura podría ser la necrosis pulpar, que es cuando «muere» un diente. En este caso, debido a una inflamación del tejido interior del diente se impide el riego sanguíneo adecuado, por lo que el tejido comienza a degradarse y sufre una necrosis. Insensibilidad o dolor son las consecuencias, junto al oscurecimiento del diente.

En conclusión, nunca hay que pensar que «si el diente roto es de leche no pasa nada», porque sí ocurre y las consecuencias pueden ser graves y afectar a los dientes definitivos de por vida.